Castillos Medievales de Teruel
Los castillos de la provincia de Teruel son el testimonio en piedra de cinco siglos de frontera, repoblación y poder feudal en el sur del antiguo Reino de Aragón. ## Una red defensiva única en Europa Desde el imponente **Castillo de Peracense**, encaramado sobre roca rodena rojiza, hasta las murallas de **Mora de Rubielos**, **Alcañiz**, **Cantavieja** o **Valderrobres**, Teruel concentra una de las redes castrales mejor conservadas del Mediterráneo occidental. Cada fortaleza nació para defender un valle, controlar una cañada o vigilar la línea movediza que separaba al-Ándalus de la cristiandad. ## Tipologías que conviven en pocos kilómetros - **Castillos roqueros** colgados de crestas inaccesibles (Peracense, Castellote). - **Fortalezas urbanas** que dominan la villa medieval (Mora de Rubielos, Valderrobres). - **Encomiendas templarias y sanjuanistas** convertidas en cabezas administrativas (Castellote, Cantavieja, Aliaga). - **Torres de señal** y atalayas de la frontera con Castilla y Valencia. ## Más allá de la piedra: paisaje, leyenda y comunidad Visitar los castillos de Teruel es recorrer también los pueblos que crecieron a su sombra, las rutas de senderismo que unen torres y ermitas, y las leyendas de templarios, moriscos y bandoleros que aún se cuentan en sus tabernas. Esta sección reúne fichas detalladas de cada fortaleza, mapas, horarios, accesos y conexiones con la gastronomía y el alojamiento rural cercano. ## Contexto histórico ampliado Para comprender este capítulo del Teruel medieval conviene situarlo dentro del marco general de la Corona de Aragón entre los siglos XI al XV. La conquista cristiana del valle medio del Ebro a inicios del siglo XII abrió un proceso de repoblación que llegaría al sur de Aragón con Alfonso I el Batallador y, sobre todo, con Alfonso II tras la fundación de Teruel en 1171. Aquella nueva frontera no era una línea, sino una franja densa de torres, fortalezas, villas reales y aldeas de señorío laico o eclesiástico. En este escenario se desarrolla la historia que aquí abordamos, marcada por la coexistencia de comunidades cristianas, mudéjares y judías, por el peso de las órdenes militares y por el papel económico de la trashumancia hacia los puertos de invierno valencianos. Las relaciones entre la villa de Teruel y los señoríos vecinos —Albarracín, Híjar, Castellote, Cantavieja— condicionaron buena parte de la dinámica institucional y demográfica del territorio. La identidad turolense medieval se forjó precisamente en e