Albarracín (Teruel)
Comarca: Sierra de Albarracín
Población: 1050
Albarracín es una de las joyas medievales más impresionantes de España, situada a 1.171 metros de altitud en la sierra que lleva su nombre. Declarada Monumento Nacional en 1961, esta villa amurallada se alza sobre un peñón de roca caliza rodeado por el río Guadalaviar en un meandro casi cerrado, creando una estampa que ha cautivado a viajeros durante siglos. Con apenas 1.050 habitantes, Albarracín conserva un casco histórico excepcional donde el tiempo parece haberse detenido. Sus calles empinadas y estrechas, flanqueadas por casas colgadas de tonos rosados y ocres con entramados de madera, balcones de forja y aleros pronunciados, configuran uno de los conjuntos urbanos más armoniosos de la arquitectura popular española. La muralla que corona el cerro, con sus torres defensivas reconstruidas, ofrece panorámicas soberbias del valle. La Catedral del Salvador, construida entre los siglos XIV y XVI, alberga un museo diocesano con una colección excepcional de tapices flamencos del siglo XVI, considerada una de las mejores de España. El Palacio Episcopal, la Casa de la Julianeta —icono fotográfico de la villa—, la Plaza Mayor porticada y la Torre del Andador completan un patrimonio arquitectónico de primer orden. Albarracín fue capital de un reino taifa independiente durante la dominación musulmana (siglo XI), gobernado por la familia Banu Razín, de cuyo nombre deriva la denominación actual. Posteriormente pasó a manos de la familia Azagra como señorío independiente hasta su incorp
Historia
Los orígenes de Albarracín se remontan a la Edad del Bronce, como atestiguan los abrigos rupestres del Pinar de Rodeno. Durante la dominación romana, el enclave sirvió como punto estratégico en la vía que comunicaba Levante con el interior peninsular. Tras la conquista musulmana, la fortaleza pasó a manos de los Banu Razín en el siglo IX, convirtiéndose en capital de una pequeña taifa independiente. La familia Azagra la tomó en el siglo XII, manteniéndola como señorío cristiano independiente —ni aragonés ni castellano— durante más de un siglo, caso único en la Reconquista. Pedro III de Aragón la incorporó definitivamente a la Corona en 1284. Durante la Edad Media, Albarracín prosperó como sede episcopal y centro textil. Las guerras carlistas del siglo XIX provocaron daños en sus murallas, y la emigración rural del siglo XX redujo drásticamente su población. La declaración como Monumento Nacional en 1961 y las restauraciones posteriores, especialmente la rehabilitación de las murallas por la Fundación Santa María, devolvieron a Albarracín su esplendor.